domingo, 18 de diciembre de 2011

El poeta pide a su amor que le escriba

      Federico García Lorca (1898-1936) nació en Fuente Vaqueros, en la provincia de Granada, en el seno de una familia residente en el medio rural. Su infancia en el pueblo le permitió conocer y comprometerse con la tradición popular. Su familia se trasladó a Granada, y él allí empezaría estudios de Derecho y Filosofía y Letras en 1914. Allí también estudió música y conoció a Manuel de Falla, con quien compartía una admiración sin fronteras hacia el flamenco. Hasta 1928 vivió en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde comienza su andadura con los poetas de la generación del 27, pero también con otros de los grandes nombres que cultivaron otras bellas artes, como la pintura en el caso de Savador Dalí. Su amistad con este último lo llevo a visitar Cadaqués, donde estableció relaciones con la vanguardia catalana. En 1926 publica su Oda a Salvador Dalí en la Revista de Occidente. En 1929 viajó como becario a Nueva York, ciudad que le dejó una huella profunda, y en 1932 Buenos Aires, donde pronunció conferencias y dirigió la representación de La Dama Boba, de Lope de Vega. A su regreso a España continuó con su labor en el género dramático, con el grupo de teatro La Barraca. En 1936 volvió a Granada, donde, al aceptar el refugio en casa de una familia amiga pero adversaria políticamente, fue sorprendido por los golpistas, concretamente por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y sufre tortura, humillación y muerte, no tanto por su participación política, bastante escasa, a favor de la izquierda en la II República, sino por su condición sexual, al haber trascendido sus escarceos y desengaños amorosos con otros artistas del momento. Hoy cabe reivindicar su figura, además como el mayor dramaturgo de la literatura española, junto a Valle-Inclán, y como excelente poeta, como ser humano que tuvo que sufrir una agonía antes de ser asesinado, sin explicaciones ni juicio previo, sólo por amar en libertad. 
Sergio DÍAZ MENÉNDEZ

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El arte es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabra mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre.

Federico GARCÍA LORCA, Sonetos del amor oscuro. 
Poemas de amor y erotismo Inéditos de Madurez, 30.

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